El diálogo interno

Cómo nos hablamos influye en nuestra autoestima

Nuestra mente nunca descansa, ni siquiera cuando dormimos acallamos el torrente de pensamientos. Normalmente, sobretodo en actividades rutinarias y automatizadas, creamos internamente un diálogo que no es solo una charla sobre lo que se tiene que hacer o recordar, sino también la forma que tenemos de hablarnos a nosotrxs mismxs, las cosas que regularmente nos decimos y el tono que utilizamos para ello.

Este diálogo interno define el concepto que tienes de ti como persona. En otras palabras, realmente te vas convirtiendo en aquello que crees y te dices que eres. Varias investigaciones han demostrado que más del 80% de este diálogo interno de la mayoría de las personas es negativo, pesimista y contraproducente, por lo que puede ocurrir que nos pasemos los días golpeándonos con un látigo de palabras que dañarán nuestra autoestima. Ocurre como un hábito que hemos aprendido a poner en práctica de forma inconsciente. Si resulta ser negativo, pensar de esta forma de ti mismx llevará a sentirse mal con quién eres y cómo eres, y criticarnos excesivamente nos conduce a poner el foco en los fracasos que hemos cometido más que en posibles soluciones o aprendizajes que podamos sacar de la experiencia.

De acuerdo a los mensajes que te envías durante el día podríamos pararnos a pensar ¿Qué clase de amigx soy para mí?. Somos quién nos acompaña las 24 horas del día, con quién reflexionamos la mayor parte del tiempo. Si la voz en tu cabeza fuera unx amigx que te hablara de esta forma, ¿Cómo te sentirías? ¿Qué harías con esta persona en tu vida? ¿la mantendrías para que siguiera machacándote o le pondrías límites para sus mensajes dañinos? Las respuestas a estas preguntas se pueden autoaplicar, ¿qué estados internos te generas con tu propia charla interior?. El proceso de detener el diálogo interno negativo comienza con decirse esto: “No digas nada a ti mismx que no le diría a alguien más”.

El diálogo interno que más daño nos puede hacer ocurre cuando cometemos un error, nos equivocamos o actuamos de alguna forma que no nos gusta. Pero esto no significa que todo lo que tengamos que decirnos sea positivo y maravilloso. En este caso pueden existir dos tipos de diálogos internos:

El diálogo interno destructivo

Este que te machaca, es como si fuera una madre o padre autoritario que dentro de tu cabeza no hace más que remarcarte lo mal que lo has hecho, el fracaso que has acumulado y que seguirás siendo así porque nunca vas a aprender. Es la exigencia y la autodisciplina estricta, rígida, que te lleva a intentar comportarte de acuerdo a un modelo ideal perfecto. Cuando cometes un error ¿te regañas con enojo? ¿Te deprimes o te insultas? ¿Te lamentas de lo inútil que eres y llegas a la conclusión de que nunca harás algo bien?

A veces este tipo de diálogo interno comienza haciendo preguntas vagas que solo generarán respuestas vagas, ya que tu mente no buscará la forma de comprender la situación para así darte una solución. La clave está en que seas más objetivo y creativo, y te hagas preguntas que te ayuden a comprender, a crecer y a convertir la caída en una experiencia de la cual puedas aprender

Si te preguntas “¿por qué todo me sale mal?”, solo conseguirás que tu cerebro asuma que todo te sale mal, y la respuesta que puedes darte es: “todo te sale mal porque eres un fracasado y no sirves para nada”. ¿Cómo te hace sentir la respuesta que tu mente te ha dado?,  ¿Te da alguna idea para solucionar tu problema?, ¿Te impulsa a asumir el control de la situación o, por el contrario, te hace sentir incapaz? Quizás la pregunta que deberíamos hacernos en estos casos sería “¿qué puedo aprender de esto que me permita hacer la próxima vez para obtener un mejor resultado?”, cambiando la destrucción por construcción de una nueva visión.

El diálogo interno constructivo

En este caso nos hablaríamos como una madre o un padre más nutritivos. Se trata de un diálogo conciliador para con unx mismx, en el que no se deja de lado el error que cometiste pero tampoco las emociones que esto te provoca. Es capaz de ver otras situaciones posibles, como por ejemplo que la responsabilidad de todo no ha sido solo tuya, y que revisa dónde estuvo el error para cuestionarse y construirse de una forma distinta la próxima vez. Es como un monólogo que puede mantenerse por un entrenador hacia su deportista.

Supongamos que me toca realizar un trabajo no muy agradable, de cierta dificultad, que generalmente me provoca intentos de eludir, salir corriendo y me sumerge en una nube de pensamientos con marcado carácter negativo. Aquí podría hablarme de la siguiente manera:

“Voy a intentar ponerme a prueba a ver si lo consigo”

(en lugar de “no voy a poder superarlo”)

“Esta acción (trabajo, obligación) me enseña a ser más paciente, atento, etc.”

(en lugar de: “si no puedo conseguirlo soy un fracaso”)

Evalúo mis capacidades, “¿son suficientes para hacerlo o necesito aprender algo más?”

(en lugar de: “nunca eres capaz de hacer nada bien”)

Crear diálogo interno constructivo no es sustituir unos pensamientos por los otros. No significa pasar de la negatividad a la positividad absoluta (sin reconocer que es cierto que tenemos defectos), sino más bien tratarnos con respeto tolerando que aún nos quedan ciertos aspectos a mejorar. A veces algunos blogs y los libros de autoayuda nos proponen sustituir sin más los pensamientos negativos por otros positivos. ¿Y si probamos primero por cambiar el tono con el que nos hablamos? (de severo/autoritario a nutritivo/en pro de la mejora personal)

En este enlace podemos encontrar dos técnicas bastante útiles para empezar a modificar nuestro diálogo interno destructivo

One Response to El diálogo interno

  1. Hola, desde luego creo que son buenos consejos, Muy actuales, y creo que influidas por las nuevas corrientes de meditación aplicadas de manera formal a la psicología, como es el ejemplo del mindfulness.

    Hay personalidades que son emocionalmente estables, aunque su estabilidad consista en castigarse a si mismos continuamente, tirando su autoestima por los suelo. O por el contrario elevando su autoestima a un nivel que roza o sobrepasa la realidad. En cualquier caso, se puede decir que ambos pueden considerarse emocionalmente estables. La cuestión es que éstos últimos, según mi experiencia, suelen agarrarse a éste tipo de consejos para seguir construyendo esa realidad ficticia, que consiste a menudo en recurrir al egocentrismo o al egoísmo como método de “supervivencia social”, y que precisamente por ésto pueden llegar a sufrir de rechazo social. Y todos los demás problemas que surgen cuando el egocentrismo rebasa la autoestima en positivo y la seguridad en uno mism@. Por mencionar el más importante de éstos problemas, que sería directamente cerrar todas las posibilidades de aprendizaje por considerarse a un@ mism@ superior por ejemplo con respecto a la intelectualidad.

    PD: Me imagino que, al igual que en el anterior comentario que te hice en:

    http://beatrizcerezo.com/relaciones-abiertas-programa-metrosexual-i/

    no mostrarás mucho interés en contestar, así que me despido. Sólo permíteme que te aconseje que de vez en cuando te preocupes también de trabajar algunas causas globales, en cuenta de tantos consejos individualistas. Por que si todos hacéis lo mismo no sé si mejorará mucho la convivencia a nivel global. Y quién sabe, de paso igual también te animabas a contestar a tus lectores.

    Un cordial saludo

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