El sufrimiento como motor del cambio

Cómo el sentirnos mal puede llevarnos a un crecimiento personal.

Si bien es cierto que no todos los cambios son producidos por la necesidad de superar el sufrimiento, también lo es que este es uno de los grandes motores del cambio y tal vez el único criterio que justifica hablar con propiedad de psico-pato-logía, entendida en su sentido etimológico como sufrimiento (pathos) de la psique. El mismo DSM lo recoge frecuentemente como criterio definitivo para la clasificación de determinados trastornos psicológicos cuando exige para su diagnóstico el cumplimiento de la condición “malestar clínicamente significativo” sin el cual difícilmente se producirá, al menos de forma espontánea, una demanda de ayuda terapéutica.

La actitud de la persona debe implicar un deseo de superación del sufrimiento y de la necesidad de introducir cambios en su vida con esta finalidad. El sufrimiento es el motor del cambio, como han puesto de relieve diversos pensadores, entre los cuales se encuentra Buda, varios siglos antes de Cristo. La finalidad de la psicoterapia no es evitar el sufrimiento, sino aliarse con él para promover el cambio. Como observa Maturana (1996) si no hay sufrimiento no hay deseo de cambio. De este modo, puede decirse que el sufrimiento es el aliado inseparable de la terapia, lo contrario del síntoma, que sitúa a la persona en una actitud pasiva, y del resentimiento, que lo sitúa en una posición vengativa.

Parafraseando las cuatro nobles verdades de Buda, Fromm (1976) establece las condiciones en las que el sufrimiento se puede convertir en motor del cambio en la psicoterapia:

  1. Que la persona sea consciente del estado de sufrimiento en que se halla.
  2. Que reconozca el origen de su malestar.
  3. Que acepte la existencia de un camino para superarlo.
  4. Que admita que es necesario introducir algunos cambios en su vida o en su modode pensar, sentir y actuar.

Evidentemente, no siempre la experiencia del sufrimiento es entendida como una oportunidad para el cambio. Por naturaleza, todos los seres vivos rehúyen el dolor […] La idea de que el dolor pueda ser útil para el cambio es, en cierta manera, contraria a la lógica natural. Por esa misma razón los pacientes acuden a psicoterapia con la expectativa, en parte mágica, de que una intervención externa les pueda liberar de su sufrimiento. Nuestra sociedad, además, está poco familiarizada con el dolor, para lo que ha desarrollado una medicina y farmacología paliativas de gran alcance, que cubre desde dolores reumáticos y traumáticos patológicos por su naturaleza, a dolores naturales como los del parto. Esta farmacopea se ha extendido también al sufrimiento psicológico, donde procesos como el duelo son frecuentemente abortados por dosis masivas de antidepresivos, lo que priva a las personas de poder evolucionar a través del sufrimiento.

[…] Simplemente queremos llamar la atención sobre la potencialidad transformadora del dolor, frecuentemente ignorada en nuestra sociedad. En  todos los casos en los que la psicoterapia obtiene un resultado se observa la utilización de este poder del dolor como un elemento clave del proceso.

[…] Pero con frecuencia el dolor se convierte en el foco máximo de atención del paciente. Esta es su motivación de base y su objetivo final: liberarse del dolor. Esta característica es la que a ojos de Freud, con vertía el sufrimiento normal en neurótico, dando la razón a aquel aforismo de Perls (1975): Neurótico es aquel que sufre para evitar el sufrimiento. Como tal, el sufrimiento es experiencia de lo real que es lo contrario de la ansiedad, anticipación de la experiencia o experimentación fantaseada de lo que tiene que venir, con lo cual, cualquier acción, excepto la evitación, resulta ineficaz.

El ser humano, como buen razonador pragmático (Mancini, 2001), tiende a hacer un balance en términos de pérdidas y ganancias de su estado actual en función de otro estado posible, y solo si este balance sale negativo respecto a la situación actual se motiva para el cambio. Ahora bien, no siempre el balance se puede establecer relacionando un estado con otro, sino que a veces se experimenta el malestar de la situación actual, sin ningún punto de referencia con el que compararse. En este caso la motivación para el cambio puede ser prácticamente inexistente, centrándose toda la atención de forma exclusiva en evitar el malestar producido por el estado actual de la situación, dando origen a la queja. Esta puede llegar incluso a anquilosarse, constituyendo un estilo de vida, en el que se considera un balance más ventajoso quejarse que cambiar, porque la persona –como dicen Prochaska y Prochaska (1999) -, no puede o no sabe qué cambiar, ni cómo hacerlo.

Esta queja asume, con frecuencia, un carácter desesperado que busca implicar a las personas más próximas en un apoyo absorbente y un consuelo incondicional. Otras veces la queja va acompañada de resignación a una situación insatisfactoria, que se puede prolongar, cronificándose, durante años o incluso toda la vida.

[…]La percepción del sufrimiento no basta por sí sola para que se produzca una demanda de ayuda para el cambio. De hecho, todas las personas son conscientes de su sufrimiento. […]Así que un primer objetivo es convertir la queja en una demanda de ayuda para el cambio.

[…]La mayoría llegamos a psicoterapia sin una clara consciencia del origen del malestar […] existe una notable dificultad para establecer una conexión entre el sufrimiento y su origen en una insuficiencia del sistema que apunta a una necesidad de desarrollo, y que, por lo mismo, constituye una gran oportunidad de crecimiento y mejora. La tendencia cultural a considerar los errores o las insuficiencias como fallos o fracasos de la persona, y a culpabilizarse por esto, en lugar de verlos como oportunidades para el aprendizaje, contribuye sin duda a agravar esta dificultad.

Prometeo en el diván. Psicoterapia del desarrollo moral. Manuel Villegas, 2013

El sufrimiento, el dolor, son términos negativos que nadie quiere experimentar, ya que nos producen emociones negativas con las que no sabemos convivir. La mejor solución para muchos es evitarlo, hacer que pase, olvidarlo, ignorarlo, produciendo así más malestar porque no es tan fácil “olvidar” que sufrimos.

El sufrimiento y el dolor son agentes a los que hace falta hacerles frente, mirarle a los ojos y decir “te entiendo, pero ya no te toca estar aquí”. Desde la aceptación del pasado, de nuestras experiencias y situación actual, reconociendo qué es lo que nos hace este mal y tras la búsqueda de alternativas a estas emociones, se podrá aceptar que este sufrimiento nos lleva a una mejora personal.

Como dijo Albert Einstein: Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar “superado”.

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