Existe una diferencia lingüística entre el gallego y el catalán a la hora de hablar de los celos. En gallego los celos son producidos por el sujeto, “eu celome” que significa “yo me celo”, mientras que en catalán y castellano son una posesión, algo que está contigo pero que no es un producto tuyo, simplemente es algo que o tienes o que eres, “yo tengo celos” o “yo soy celosx”. Esta apreciación lingüística puede provocar que nos posicionemos como un elemento activo o pasivo en este sentimiento y en esta emoción que son los celos, por tanto nos lleva a entenderlo de una manera o de otra y a manejarlo acorde a esta forma de entenderlos.

El pasado miércoles 20 de mayo coordiné el segundo encuentro del Grupo de soporte mutuo para los celos, un grupo de ayuda mutua que está dirigido a todas aquellas personas que conciben las relaciones dentro de un marco no monógamo, y en donde los celos pueden ser una emoción limitante a esta experiencia y forma de ver la vida. En este nuevo encuentro volvemos a comprobar la controversia que tiene el papel de los celos dentro de las relaciones no monógamas con la suma de tres de nuevxs integrantes del grupo Poliamor Catalunya, que querían lanzarse a la aventura de conocer y conocerse más a nivel tanto teórico como emocional.

Con estas nuevas aportaciones enriquecemos las definiciones de celos que habíamos propuesto en el primer encuentro, con nuevas visiones personales:

  • “Los celos me hacen sentir menos especial, como que no soy únicx, es como si sufriera una especie de abandono”.
  • “Siento que me hago más pequeñx, y como me siento juzgadx termino juzgando yo”.
  • Salen elementos repetidos de las listas previamente elaboradas como que generan envidias, competición, territorialidad (“yo tengo que ser el más o la más especial”). La sensación es como si hubiera un pastel y tuviéramos que luchar por nuestro trozo… con todo lo que puede generar el no tener el resto de los trozos del pastel.

Nuevamente preguntamos por aspectos positivos de éstos, y la sorpresa fue encontrarnos que todo lo relacionado con una posible funcionalidad positiva solo aparece cuando logramos “superarlos”, esto es, lo único bueno que vemos en los celos es cuando somos fuertes y capaces de no sentirlos, lo que nos lleva a confirmar nuestra visión de entrada para realizar este taller, las personas no queremos sentir emociones y sentimientos negativos o de malestar, lo único que queremos es evitarlos, evadirlos sin vivirlos, y muchas veces esto no es posible por su característica explosiva, por tanto volvemos a la pregunta de ¿qué ocurre si escuchamos lo que estamos sintiendo? Nuevamente se vuelve al debate de si es conveniente superar y evitar los celos o aceptar que son parte de nuestro proceso y que tenemos que hacernos cargo de ellos.

En ocasiones no es no querer sentirlos, sino que no nos podemos permitir tenerlos, existen determinadas circunstancias en donde hay que lidiarlos de forma “express”, por ejemplo con hijos en casa, o puede ser que veamos que la otra persona está pasando por un mal momento, o porque directamente no está socialmente aceptado o bien visto y no recibimos el apoyo suficiente de nuestro círculo de amistades. Pero nuevamente evitar una emoción que nos nace de dentro solo hace que nos pongamos más nerviosxs ante la incapacidad de controlar algo tan descontrolado como es el sentir (recomiendo la charla TED de Brené Brown acerca del poder de la vulnerabiliad de nuestras emociones).

Con esto, analizamos cómo este sentimiento de celarse se presenta en diferentes épocas y momentos de las relaciones, dentro de la idiosincrasia de cada persona. Para algunas personas los celos surgen al principio de la relación como un elemento que hace dudar de que el vínculo existente se estuviese creando fuerte, para otras personas es un sentimiento que aparece a lo largo de la vida de la(s) relación(es) y que se da incluso con todos los miembros de la familia (madres, padres, hermanxs,…), otras veces surgen incluso con otras relaciones sociales y las amistades. Pero la mayoría coincide que la mayor preocupación se presenta a lo largo de la relación cuando la persona con la que tienes vínculo no está porque está con otrx, o acaba de venir de estar con dicha persona. Los celos se ven como una parte natural en la creación y en el mantenimiento del vínculo, por tanto presentes a lo largo de la relación (y aún no hemos conocido a nadie que nunca los sintiese).

Podemos ver como pueden ser un deseo frustrado de alguna necesidad o especialidad que nos gustaría cubrir de nuestra pareja, pero o bien somos incapaces de cubrirlo o en ese momento no somos las personas adecuadas para ello. Una situación muy comentada trata de cuando la persona a la que quiere pasa unos malos días, en los que le das todo tu apoyo ante su malestar y cuando regresa de estar con otra persona vuelve feliz. Según el término de compersión nos deberíamos alegrar por la persona a la que queremos porque finalmente puede estar feliz, pero nuestro deseo de cubrir esa necesidad (hacerle feliz o me he tragado yo el mal momento…) es tan intenso que nos produce malestar. ¿Por qué con otras personas vuelve feliz y conmigo estuvo triste?

Con estas cuestiones, la mayor necesidad reconocida en este segundo encuentro grupal es la de “soltar lastre” sin “soltar mierda” a la hora de comunicar cómo nos sentimos. Algunas de las parejas presentes en el grupo confiesan que en muchas situaciones sienten que siguen un monólogo en lugar de realizar un diálogo con su pareja y eso les hace acabar “soltando mierda”, esto es, por monólogo se entiende una comunicación unidireccional de lo que nos está pasando sin atender a lo que puede querer decir la otra persona (o en ese momento no quiere decir). Ante el reconocimiento de estas posibles situaciones, se concluye de que existe la necesidad, diferente para cada persona de tiempo y del espacio para poder comunicar nuestros celos y así hacer un diálogo más calmado y con cabeza, evitando caer en un aumento de tensión y de emociones continuo hasta que se produzca una explosión (soltemos mierda)

  • ¿Y cómo podríamos comunicar los celos?
    1. Identificar qué son celos y qué no son.
    2. Elaborar la emoción asociada a éstos para poder comunicarla. Identificar la emoción y la fuente.
    3. Encontrar el momento de “energía baja”, esto es gestionar el estado interno para evitar explosiones.
    4. Contar lo que se siente, controlando el tono (con esta energía baja) y evitar estamparnos contra un muro-monólogo atendiendo a las necesidades de la otra parte implicada.

No se trata solo de la gestión de lo que a ti te ocurre, también es importante gestionar el momento de contar lo que estás sintiendo tanto por ti como por la otra persona, ¿y si esta persona no lo tiene elaborado? ¿y si ahora mismo no puede gestionar esta conversación? Hablamos de los acuerdos que se establecen entre las relaciones y de los tiempos que tiene cada uno para ir procesando lo que necesita… Equilibrio, ritmos, pactos, ratos…

Pero hay que andarse con ojo, porque puede ser que el mecanismo que tengamos sea un chantaje inintencionado mediante esta comunicación de emociones. Puede ocurrir en ocasiones en donde convertimos nuestro estado emocional como un privilegio o precedente para limitar (involuntariamente) que tu pareja se marche con otra persona. Con esto lo que conseguimos es no lograr enfrentarnos nunca a esta situación y por otro lado fomentamos la atención continuada por parte de tu pareja a tu malestar. No es lo mismo cuidar a tu pareja que se encuentra mal emocionalmente, que sobreproteger, cediendo constantemente a todas estas veces que se presenta mal y evitando finalmente quedar o tener otras relaciones.

En todo este proceso es muy necesario también saber pedir, tanto el tiempo para elaborar como las necesidades de tus emociones en ese momento. Saber mostrar a las parejas que necesitas espacio o tiempo en relación a sus acuerdos y que esto no tiene porqué ser negativo o que no quiera hablar contigo, sino interpretarlo como la forma de poder comunicar desde un punto de vista más calmado y no tan explosivo. Tenemos que trabajar que el hecho de ofrecer ayuda también puede llevar en la pareja una respuesta negativa.
Terminamos con dos preguntas para cerrar la sesión

  • ¿Qué necesito en este momento?
  • ¿Cómo nos han enseñado a querer?

Desvinculando los celos como algo puramente biológico, para definirlo como algo que ha sido aprendido y construido por la forma en la que nos han criado y nos han enseñado a gestionar determinadas emociones nos hace dar un salto de esta diferenciación lingüística de “es algo que YO SOY” (esencia) a “es algo que YO HAGO”.

En septiembre retomaremos este grupo de soporte mútuo para trabajar los celos, si quieres más información puedes contactar conmigo a info@beatrizcerezo.com o en amorsplurals.cat

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