¿Cómo suele ser el inicio de una relación abierta? ¿Qué sucede cuando una persona quiere y la otra no?

El capítulo “¿Están hechas para tí las relaciones abiertas?” del libro Opening Up se matiza «hay muchas razones por las que la gente elige la no monogamia: desde la variedad sexual y las fantasías, el crecimiento personal, la satisfacción, hasta la diversidad sexual y emocional. […] Si estás valorando la posibilidad de tener una relación abierta primero haz una autoevaluación exhaustiva y honesta para determinar si es buena idea para ti». Durante todo este libro se matizan y explican diferentes formas de tener “una relación abierta” proponiendo también diseñar la relación que más se adapte a tus necesidades e intereses: «uno de los requisitos más importantes de una relación abierta es que esté hecha a medida de los deseos concretos de las personas involucradas».

Una relación abierta se suele iniciar desde un cuestionamiento sobre los modelos impuestos (como la monogamia heteronormativa). Por estadística, el inicio más típico suele ser una pareja ya establecida, que desde la monogamia decide abrirse hacia otras formas de relación. Pero también podemos encontrarnos con solterxs que por malas experiencias o por no identificarse con el amor romántico llegan a cuestionarse con qué tipo de relación se sentirán más cómodxs.

Hay mil formas de abrir la relación, algunas veces se va de la práctica a la teoría y otras de la teoría a la práctica. En el primer caso te lo replanteas al vivir una experiencia que te cuestiona la monogamia, como enamorarse de dos personas a la vez o de una pareja, llegando posteriormente a darle una definición y un contexto. En el segundo caso, se puede partir de un planteamiento teórico, empezar a cuestionar valores, encontrarte con colectivos y comunidades que acaben dándote una teoría que poner en práctica en la forma de vincularte.

Cuando una persona quiere y otra no puede ser un gran problema, partiendo de la base de que no es consensuado ni ético hacerlo por tu cuenta. En este punto se pueden plantear dos opciones: llegar a pactos (poniendo límites y cediendo en lo que consideres) para que ambas partes estén de acuerdo o, como segunda opción, buscar a otra persona con ideas afines. Una relación con una(s) persona(s) que tiene(n) ideas distantes a las tuyas, sea lo que sea (monogamia, religión, política, etc.) llevará a caminos y decisiones de vida diferentes, con sus diferentes valores y formas de hacer. Una relación abierta es un proceso que debe hacerse juntxs, con comunicación y acuerdos, y si son caminos distintos no podemos ir juntxs, por tanto no hay relación (emocional-afectivamente hablando).

En este punto, no podemos negar la identidad de una persona (o nuestra identidad) ni forzar a otra persona (o a nosotrxs mismxs) para encajar con ciertos esquema. Esto provocaría una relación descompensada, en donde terminará apareciendo frustraciones, exigencias y una menos sana forma de funcionar.

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