Se entiende por comunicación la transmisión de señales mediante un código común al emisor y al receptor. Normalmente asociamos a comunicación palabras (lenguaje verbal) y gestos (lenguaje no verbal) y nos esforzamos en mejorar nuestro vocabulario y expresión corporal para comunicar bien, creyendo que serán éstas las únicas herramientas que causen mayor impacto para poder entender nuestro mensaje. Pero ocurre que hay otro elemento importante a la hora de comunicar, sobre todo si trabajamos dentro del mundo de los conflictos en el mundo relacional. Este nuevo elemento se trata de nuestro momento personal y nuestra emoción derivada.

El término emoción viene del latín emotĭo, que significa “movimiento o impulso”, “aquello que te mueve hacia”.
Las emociones juegan un papel importante en nuestra vida, en nuestra forma de pensar y de comportarnos. Se tratan de un estado afectivo que nos indican cómo estamos valorando y asimilando las situaciones que vivimos.

Una emoción produce un sentimiento, y el sentimiento una reacción a la hora de comunicarnos. Por lo tanto la comunicación (cómo decimos, el tono, el mensaje, los gestos…) puede verse afectada por la emoción que estemos viviendo en ese momento. Por ello se puede considerar importante la consciencia de qué emociones nos están produciendo X situación, para poder así gestionar de una forma más saludable la comunicación. Las emociones son subjetivas, pertenecen a la esfera íntima. Cada persona es responsable de sus sentimientos y de lo que hace con estos, a la hora de un diálogo, este suele ser una de las grandes taras de las discusiones, que intentamos hacer responsables a los demás de cómo nos estamos sintiendo en lugar de hacernos cargo de nuestras propias vulnerabilidades, proceso personal y de lo que se nos está moviendo internamente.

Muchas veces, ante emociones intensas no somos capaces de mantener un tono adecuado para poder comunicar o llegar a un acuerdo con las personas necesarias, cuando estamos invadidxs por una emoción de esta intensidad, se suele hablar de un “secuestro emocional”.

El secuestro emocional

El secuestro emocional, o el secuestro de la amígdala (Amygdala Hijack en inglés) es un término acuñado por Daniel Goleman (creador de la inteligencia emocional). Este autor lo describe como las respuestas emocionales de las personas que son inmediatas y abrumadoras, y fuera de la medida con el estímulo real, ya que ha provocado una amenaza emocional mucho más significativa.

Esto significa que en determinadas ocasiones, una emoción muy fuerte (mucha ira, o mucho miedo) puede producirnos una especie de secuestro de nuestras capacidades que hace que desmesuradamente actuemos de acuerdo a esta emoción, sin poder incluir más elementos.

Cuando somos víctimas de una explosión emocional, el centro del sistema límbico declara una especie de estado de emergencia y recluta todos los recursos del cerebro para poder llevar a cabo sus funciones. Ese secuestro se produce en cuestión de pocos segundos y genera inmediatamente una reacción en la corteza prefrontal, la zona vinculada con la reflexión, para que no tengamos tiempo para evaluar lo que está ocurriendo y decidir de forma racional.

Durante este secuestro, las capacidades de escuchar, pensar y hablar con claridad se ven mermadas y es por ese mismo motivo por el que el hecho de tranquilizarse constituiría un paso necesario sin el cual no puede existir el menor progreso en la resolución de problema en cuestión.

Es imposible dar con la solución adecuada a un conflicto cuando uno se halla bajo el influjo de un secuestro emocional. Por eso una de las competencias clave para la comunicación y la comunicación emocional, consiste en que ambos miembros de la comunicación aprendan a calmarse.

Obviamente, todos los secuestros emocionales no tienen connotaciones negativas. Por ejemplo, cuando somos víctimas de un ataque de risa incontenible o nos sentimos eufóricos, la amígdala también toma el control y nos impide pensar.

Nuevamente la clave para comunicar desde la calma consiste en detectar emociones, ver dónde y cómo nos afecta, qué necesidad tenemos y lidiar con todo esto antes de soltar en una explosión el conflicto provocado.

Este artículo pertenece al dossier elaborado en nuestro taller de comunicación no violenta y asertividad, si quieres saber más pueden ponerse en contacto en hola@espaicaleidoscopi.com 

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