La debilidad de las emociones

Socialmente nos movemos en un contexto en el que las emociones y su expresión públicas son consideradas una debilidad en lugar de un potencial. El pensamiento de los últimos siglos ha insistido en el uso de la razón y la lógica, enfocados a la eficiencia, efectividad y resultados, obviando las emociones, los estados internos, nuestro estado anímico, siendo considerado todo esto como una debilidad, un signo de vulnerabilidad que nos hará menos capaz de afrontar la vida de forma “correcta”

“Hemos sido educados con la idea de que el rechazo, la separación o el dolor son cosas malas y el que las padece es considerado débil o menos afortunado” (Manuel Barroso)

Culturalmente nos hemos educado a guiarnos “racionalmente”, bajo la premisa “pienso, luego existo”, restando importancia a la emoción y su expresión. Por esta cuestión he visto mucha gente acudir a terapia con una clara represión de sus propios sentimientos y emociones, que terminan generando más insatisfacción y malestar. Yo les suelo decir una cosa,

“Negar las emociones, es negarnos como personas”

“Siento, luego existo”

Algunas veces me responden “Si me dejo sentir, caeré en desgracia y depresión y no podré salir ni ver nada bueno en la vida” si, que nos dejemos sentir lo que sentimos no significa que sea lo único que tengamos que hacer, las emociones son alarmas, son indicadores de que algo nos está pasando, de que estamos reaccionando de una forma ante los estímulos que nos rodean, ante las situaciones, personas, acciones de los demás etc. Si reaccionamos con dolor, tristeza, desolación, puede ser una buena forma de escucharnos al sentirlas y reconocer dónde está el foco que nos hace sentirnos mal.

No es solo anclarnos y estancarnos en que nos estamos sintiendo mal, sino preguntarnos ¿Por qué nos estamos sintiendo así?, en lugar de evitar a toda costa sentirnos de esa forma.

Si centramos todos nuestros esfuerzos en evitar sentir emociones negativas, que nos producen malestar (que son las comúnmente evitadas), estaremos perdiendo de poco a poco la capacidad de sentir en general. Brené Brown da algunas pistas interesantes en este sentido, asegurando por ejemplo, que “si adormeces o evitas determinadas emociones, tiendes a adormecer también todas las emociones”. Es decir, que si das la espalda a la tristeza y a la ira, es probable que tu capacidad de sentir alegría o gratitud también quede muy mermada.

Nos han enseñado que las emociones son “malas” y como tal, hay que evitarlas. Mensajes como “Compra este perfume y serás feliz” “no te rías tan fuerte que pareces vulgar” “contrólate” “pórtate bien para que yo te quiera” “no digas esas cosas, cállate” “no llores, sé fuerte” “el que se enfada pierde…” “el miedo es de cobardes”. ¿Les suenan?. Es evidente que sin un control de nuestras emociones, no es posible avanzar en el complicado ir y venir de nuestra vida cotidiana, de manera serena y satisfactoria.

Las emociones son expresiones naturales de nosotrxs mismxs, y como tal expresan una realidad interna.

Así por ejemplo la rabia nos informa que alguien ha traspasado nuestros límites, el dolor nos dice que ha aparecido una herida, el miedo nos comunica nuestra necesidad de seguridad, el placer nos ayuda a tomar conciencia de que nuestras necesidades están satisfechas, la tristeza nos susurra del valor de lo perdido, la frustración nos expresa que tenemos necesidades no atendidas – objetivos no alcanzados -, la impotencia nos habla de la falta de potencial para el cambio, la confusión nos expresa que estamos procesando información contradictoria… etc.

Por tanto, mediante la expresión emocional podemos tomar contacto con nuestras necesidades, pero cuando evito sentir y reprimo mis emociones, dejo de entrar en contacto conmigo y me quedo a merced del “deber ser” que nos imponen. En consecuencia, muchas veces dejamos de entender qué nos pasa o por qué estamos sintiéndonos de esta forma, por vivir de acuerdo a un piloto automático emocional preferiblemente neutro (no vaya a ser que nos descontrolemos) nos dejamos de lado. Ocurre a veces que entrando en esta forma de reaccionar automática, en el momento en el que se presente una emoción (suele ocurrir con las emociones negativas que son las más molestas) nos quedamos en bloqueo en un estado confuso y de caos en donde no podemos poner palabras a nada.

Comúnmente se asocia a alguien que expresa sentimientos y emociones como alguien débil o vulnerable, personalmente creo que permitirnos sentir nuestras emociones y así expresarlas de forma sincera, es un signo de seguridad y fortaleza que nos permite ser honestos y honestas con quienes somos.

5 Responses to La debilidad de las emociones

  1. […] sentir una emoción intensa?”. En este artículo profundizo un poco en esta cuestión acerca de la debilidad de las emociones. Por ello, más que intentar superarlos a mí me gusta sugerir la opción de gestionarlos, de […]

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  2. Mauri says:

    Totalmente de acuerdo Bea, me ha encantado el post y la forma que tienes de transmitir lo que tu experiencia profesional y personal te ha aportado. Gracias!

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  3. es confortable lo que escribes, de veras has llegado al punto interno del ser desde el puno de vista objetivo en base o fuente subjetiva del ser, lo he entendido como una espiral de forma excéntrica y que no termina por cuanto se une a la ves al punto del origen, centrando la honestidad como esencia del ser ante una esfera ambiental hostil y que a la ves por razones de seguridad social en la que el estado las impone, a los fines de convivencia ciudadana. Entiendo que todos tenemos emociones las que son reguladas por el deber ser; sin embargo pienso personalmente que el contínuo ataque a la esfera personal hace que se forme con el tiempo una coraza o fortaleza que impide que se manifieste el sentimiento hacia el mundo exterior y seamos cada ves mas egoístas con nosotros mismos generándose así un cambio de la estructura social impactando negativamente a la sociedad que a la larga somos nosotros mismo. Me encantó lo que le he leído y me hizo mas observadora de las cosas internas.

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