La solución que complica el problema.

A menudo el miedo a un mal nos lleva a un mal peor.

MIEDO 2

Un hombre está de puntillas en una pequeña habitación oscura y vacía, los brazos estirados hacia arriba, las manos aferradas a las barras de la pequeña ventana, única fuente de luz de la habitación. Si se aferra con firmeza e inclina hacia atrás la cabeza, puede ver un pequeño rayo de sol entre las barras superiores. No quiere correr el riesgo de perderlo de vista. Y así sigue tendiéndose hacia el rayo de sol, firmemente aferrado a las barras.

Está tan empeñado en el esfuerzo de no perder de vista ese resplandor de luz vital, que no se le ocurre soltarse y explorar el resto de la celda. Así nunca descubrirá que la puerta del otro extremo de la celda está abierta y que él es libre. Siempre habría podido salir a la luz del día, con sólo haberse soltado.

Desde esta perespectiva no existe nada biológicamente determinado en las patologías del miedo: nadie nace fóbico, sino que se convierte en ello. Se convierte mediante una gradual evolución de intentos fallidos y reiterados de manejo de la realidad, o sea, actitudes, pensamientos y comportamientos que la persona elabora sobre la base de la percepción de sensaciones, situaciones o condiciones personales vividas como amenazantes. Estos intentos de solución, que complican el problema más que resolverlo, son llevados a cabo y reiterados porque, en el momento crítico, funcionan como reductores del miedo, o bien son actos preventivos para evitar que surja el pánico, pero éste es sólo el efecto inmediato; Luego, este guión perceptivo y conductual llevará al progresivo empeoramiento de la sintomatología fóbica, y a su descontrol.

La persona atenazada por la patología fóbica no está en condiciones de tener una visión a largo plazo: para ella, en el momento de pánico/ansiedad, lo único importante es reducir el propio terror. Por eso pone en práctica lo que funciona según su experiencia, aunque luego esa reacción conduzca a exacerbar el trastorno. Al respecto es iluminador el siguiente ejemplo:

Durante la sesión de terapia, un paciente no para de batir las manos de un lado para otro, causándole notorio malestar e incomodidad, el terapeuta que se da cuenta de ésto le pregunta.

-¿Por qué sigues batiendo las manos?.

-Para echar a los elefantes – Contesta convencido.

Sorprendido ante la respuesta, el terapeuta se pone a rebatir -¡Pero si aquí no hay elefantes!

Aún batiendo las manos, el paciente finalmente replica: ¡Ves cómo funciona!

Watzlawick, 1989

A menudo, los pacientes se dan cuenta de que sus estrategias para combatir el miedo acaban por hacerlo aumentar, pero no están en condiciones de cambiarlas. Por tanto, también está claro que una terapia de verdad eficaz para este tipo de problema no puede estar representada ni por una sedación farmacológica de las reacciones orgánicas, ni por una forma de adiestramiento para el control basado en el incremento de la voluntad, ni en una búsqueda en el pasado de hipotéticas causas “traumáticas” del presente problema, sino por una intervención que conduzca a la persona a cambiar mediante experiencias concretas su percepción de la realidad.

En otras palabras, una patología fóbica se puede superar del todo cuando se cambian nuestras percepciones de la realidad amenazantes y, en consecuencia, cambian también nuestras reacciones y nuestros conocimientos hacia ésta.

Fuente: Más allá del miedo. Superar rápidamente las fobias, las obsesiones y el pánico. Giorgio Nardone.

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