La vulnerabilidad responsable en la autoestima

Sobre la autoestima se habla mucho, mucho, muchísimo. Dentro de esta cultura del éxito y el crecimiento personal, en donde hay que ser siempre más y mejor, hay miles de artículos y enfoques centrados en la corriente positivista que nos venden “¡mejora tu autoestima en 4 sencillos pasos pensando de manera positiva!”.

Quizás los pasos sean 4, pero desde luego no son sencillos, y es que si nos alejamos de la postura cómoda que es repetirse cosas bonitas, pensar que todo va a salir bien, que el universo te debe una y el karma lo tienes alineado, que si haces cosas buenas te vendrán cosas buenas etc. vemos que tener una autoestima sana implica un trabajo personal, en ocasiones bastante duro de recorrer ( Y vemos que digo sana en lugar de autoestima alta, pueden leer más aquí sobre esto). Este trabajo puede implicar abrir un baúl en donde se remueve polvo (exigencias, autocrítica, creencias, cánones impuestos, normas, género…) y no es agradable.

La autoestima no es solo pensar que somos geniales (que ya nos está bien reconocernos genialidades), sino también reconocernos humanos, y que ese ideal sobredimensionado que tenemos en la cabeza de cómo debería ser todo nos aleja un poco de este concepto, acercándonos más al de un robot. En terapia siempre me gusta utilizar la película “las mujeres perfectas” para ejemplificar esto, (a parte de toda la critica feminista que pueda tener), se trata de un pueblo tan maravilloso, divino y estupendo que en realidad ¡son robots!, porque esta perfección no existe.

¿Y cómo podemos tener autoestima si no somos estupendxs y maravillosxs?

Parafraseando a Alvaro Saval:
“Empezando por el principio podemos decir que autoestima es quererse y que para quererse no es necesario ser súpermegachachiguay en nada. Quererse no es opción, es obligación. En un plano bastante simple de la realidad, sin demasiados ambages idealistas, con quererse entiendo: poder reírse de uno mismo, valorarse como persona digna, ser consciente de que no hay que aceptar humillaciones, disfrutar las cosas que nos gusten, no culpabilizarse por nada, responsabilizarse de aquello que tenemos responsabilidad, aceptar que habrá sufrimientos pero intentar que no se eternicen, trazar un camino propio hacia eso que se llama crecimiento personal…. Querer es querer lo mejor para alguien. Entiendo que para un sí mismx será lo mismo. […] No partimos (no parto) por tanto de la construcción de la autoestima en base a fantasías sobre ser especial, original, irrepetible o la puta maravilla del universo. Parto de que hay que quererse porque somos sujetos con dignidad y merecemos, al menos, amor y respeto de nosotras mismas. Parto de una exigencia mínima. Parto, en definitiva, de un punto de partida. No de un fin.”

Acepta todo acerca de tí mismo, quiero decir todo. Tú eres tú y ese es el principio y el fin, sin disculpas ni arrepentimientos.
-Clark Moustakas

En nuestro taller de autoestima “Aprender a quererse” esto es un tema bastante recurrente, ¿cómo querernos si tenemos defectos?, pues precisamente empezando por ahí, aceptando nuestra “humanidad” por llamarlo de alguna forma y de que somos lo que somos, ¿podemos mejorar? Seguramente, pero quererse implica aceptar también todas estas partes de ti que valoras como negativas y defectos y mimarnos aún con nuestras imperfecciones.

Acey Choy (1990) en su teoría del triángulo ganador, describe un concepto que se llama “vulnerable responsable” que me gusta mucho a la hora de hablar de estos temas.
Este autor describe el rol de persona vulnerable responsable como la antítesis del rol de Víctima (dentro de la teoría del triángulo dramático). Parte de que todos los seres humanos nos damos cuenta de que somos vulnerables, y esto puede ser una fuente de sufrimiento, pero a diferencia del rol de Víctima nos hacemos responsables de solucionar nuestros problemas desde una postura adulta, de acunar nuestras imperfecciones y hacernos cargo de lo que hay en este momento, sin juicio, sin machacarnos más de la cuenta, desde el respeto y la tolerancia que nos merecemos.

Para mí, estos “sencillos” pasos para tener una sana autoestima podrían resumirse en:

  • Perder el miedo a ser quien se es. No priorizar a la imagen externa, el qué dirán, lo que tengo que demostrar /actuar para encajar en esta sociedad que solo acepta perfecciones.
  • Reconocer la propia imagen, objetivamente. Vernos tal cual somos, con nuestros defectos y virtudes, con ojeras, con una sonrisa bonita, con emprendeduría y con nuestra procastinación. Todo.
  • Aceptar esta imagen tal cual es. Seguramente con nuestros seres querido somos poco estrictxs a la hora de aceptar y tolerar como son. Tener autoestima, quererse, implica también tener esa actitud con unx mismx.
  • Cambiar lo que se quiera y lo que se pueda (que a veces vamos a tener que convivir con ello sin más), con paciencia y cariño, sin ideales grandes. Es como un punto de crecimiento personal, pero no como negación a eso que está mal en nosotros, sino como búsqueda de una mejor calidad de vida.
  • Con esto, mejorar la relación con unx mismx, desde una opción de alianza no de lucha ni destrucción. Es como lograr ser nuestrx mejor amigx.

Ya los padres de las psicoterapias humanistas, como Carl Rogers, Gendlin o Fritz Perls señalaron la importancia de que el sujeto sea capaz de observar su propio malestar como una parte esencial no sólo de la gestión y cambio de éste, sino también como un acto de amor hacia uno mismo, en una perspectiva que podríamos resumir en la premisa “en la medida que es mío me importa, y decido quererme tanto para mirar aquello que es doloroso porque no quiero ignorar mi propio dolor”.

Tener autoestima no es solo estar orgullosxs y contentxs de nuestras virtudes, sino seguir queriéndonos y llevándonos bien aun con las cosas que no nos parecen tan divinas.

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