Los cuentos terapéuticos

A todo el mundo le gusta que le cuenten cuentos...

Ya desde nuestra más tierna infancia el cuento cobra un papel importante en nuestra vida, teniendo relación con ellos de forma continuada durante todas las etapas del desarrollo (y posteriormente también). El placer de la lectura se descubre junto con la capacidad de poder imaginar, de poder vivir y experimentar mundos diferentes, personajes, aventuras, fantasías… la imaginación no tiene límites y el niño, relaciona su historia con los cuentos que va descubriendo, y éstos preparan al niño en cierto modo, para enfrentarse a un tipo de realidad.

  No solo a los niños, a todo el mundo nos gusta que nos cuenten cuentos, si no es en formato típico de novela narrativa, puede ser en formato cinematográfico, teatro, poesía, metáforas, mitos, leyendas…

Los cuentos y leyendas han sido utilizados desde tiempo inmemoriales para trasmitir valores morales, éticos y culturales. Ya se sabe: una píldora amarga puede tragarse más fácilmente si viene envuelta en una dulce cobertura. Tal vez alguien desestime una predica moral directa, pero la orientación y las directivas de otro resultaran aceptables si están insertas en una narración interesante, divertida y bien contada.

Milton Erickson, médico e hipnoterapeuta estadounidense, utilizaba los cuentos didácticos en  sus sesiones de psicoterapia para lograr una especie de “trance-formación”. Mediante breves relatos cargados de metáforas, humor, ingenio y sabiduría procuraba influir en los pensamientos, emociones y las conductas de sus pacientes. Su visión de la psicología se basaba en la certeza de que la persona estaba provista de los recursos necesarios para resolver las situaciones y sentimientos que lo aquejaban y que la tarea del terapeuta era apoyar la puesta en marcha de esos recursos.

Por tanto, los cuentos terapéuticos nacen del terapeuta y de la propia historia de la persona que experimenta preocupaciones varias que le llevan a terapia. El cuento terapéutico es un cuento donde se cuenta una situación conflictiva, traumática, dolorosa en la que se resuelve por diferentes maneras llegando a una conclusión facilitadora del cambio. Los personajes no nos representan de manera directa, pero si podemos llegar a compararnos e identificarnos con sus formas de hacer, de sentir y de ver la vida.

Sea como sea, lo más importante es que está demostrado que tanto en adultos, adolescentes, como en niños, es más fácil conectar con nuestro mundo emocional a través de las metáforas o del mundo mágico que subyace a los cuentos.

Uno de los efectos terapéuticos de los cuentos es conseguir que la persona se vea a sí misma como protagonista y responsable de una historia, que puede ser contada con más o menos fantasía pero que finalmente apela a los mismos problemas y conflictos que puedan haber en el día a día. Muchas veces el solo hecho de tomar conciencia de este tipo de historias puede cambiar el modo de ver y sentir la propia historia, un acontecimiento pasado y por lo tanto también el presente.

Es esencialmente esta es la intención de los cuentos terapéuticos, conectar con nuestra experiencia ante los conflictos, identificar qué es lo que está ocurriendo, cómo se realcionan los elementos que componen esta narrativa y finalmente generar otras versiones, otros significados, ofrecer otros modelos de comportamiento, otras soluciones, otros finales, “Para imaginarse mejor”
Es habitual el uso de “moralejas”, lecciones que se desprenden del cuento, conclusiones formuladas como un consejo o una orientación para el tipo de situación a la que alude el cuento. Estas moralejas son las conclusiones terapéuticas que se co-construyen mano a mano entre el terapeuta y el paciente, para poder darle un nuevo matiz a este cuento que narra la persona con su vida.

La utilización de cuentos, parábolas o anécdotas en terapia queda al libre albedrío del terapeuta, el cual sabe que dispone de una caja de herramientas de las que puede echar mano en cualquier momento. Al igual que el propio paciente puede tener su propio abanico de cuentos, películas o novelas favoritas que se adecuen a su historia.

Lo importante es que la elección de esos recursos se haga con finalidades terapéuticas en el momento en que, valga la redundancia, vengan “a cuento” realmente, atendiendo siempre a evitar posibles malentendidos o susceptibilidades, del cuento, como de la metáfora, solo se suele buscar una analogía parcial y no hace falta forzar las cosas para que cuadre todo, aunque a veces la lectura o interpretación creativa pueda añadir nuevas perspectivas interesantes desde el punto de vista terapéutico.

De este modo, las fábulas o cuentos se erigen fácilmente en exponentes ejemplares de las situaciones críticas por las que pasa el paciente. De forma genérica, se puede pensar en multitud de casos donde la referencia a los cuentos resulte plenamente adecuada para ayudar a comprender las situaciones por las que pasa el paciente, y por tanto, a entenderse, conocerse y aceptarse mejor, para poder ir en busca de ese final resolutivo.

Cuentos terapéuticos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Scroll to Top