En la sociedad actual, las nuevas tecnologías ocupan un espacio cada vez más importante y dentro de éstas, el Whatsapp se ha ganado un lugar de renombre. Esta aplicación permite enviar y recibir mensajes inmediatamente usando internet, sustituyendo a los servicios tradicionales de mensajes cortos (SMS) o sistemas de mensajería multimedia como los correos electrónicos.

Las ventajas saltan a la vista: “Permite estar conectado a cualquier hora y en cualquier lugar”, afirma Francesc Núñez, sociólogo de la Universitat Oberta de Catalunya. “Es un sistema de mensajería que permite hacer partícipes de nuestra vida, al instante, a nuestros contactos”, indica Fernando Azor, psicólogo y tutor en la Universidad Camilo José Cela de Madrid. Pero como toda nueva tecnología, el WhatsApp necesita ser domesticado para evitar sobresaltos. Y es que las particularidades de este nuevo canal de comunicación pueden causar una marcada problemática y malestar a nivel psicológico y relacional.

“Jorge está ahora mismo en línea pero aún no ha respondido, Mercedes escribió por última vez a las cinco y cuarto de la madrugada ¿Qué estaría haciendo?, Juan hace seis días que no se conecta, no me han incluido en el grupo de Whatsapp del trabajo…”

Estos mensajes corresponden a algunas de las averiguaciones que se pueden hacer simplemente echando un ojo a la aplicación, y en función de esto, desatar toda una vorágine de pensamientos, obsesiones e inseguridades que despierten nuestro lado más controlador con nuestros contactos. Es por esto que a parte de favorecer la comunicación, también provoca conflictos amorosos, malentendidos entre amigos y malestar en general si se usa de forma irracional.

Pero eso no es todo, Whastapp recién incorpora una nueva actualización en su interfaz que nos permite saber en qué momento exacto el mensaje enviado ha sido leído, y esto ha puesto el grito en el cielo en la comunidad.

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La posibilidad de obtener esa información al instante es el cambio más significativo de esta aplicación, respecto a otros canales como el correo electrónico o el teléfono.

Por tanto, estar acostumbrados a esta inmediatez nos hace unos seres exigentes, en donde todo corre prisa y todo lo queremos o necesitamos ahora y al momento. Esta nueva actualización de la aplicación no hace más que favorecer esta actitud, este funcionamiento en donde nos estamos acostumbrando de obtener el refuerzo (respuesta en este caso) inmediatamente y no tener que esperar (y desesperar) por una respuesta a nuestro mensaje.

Así, es bien conocido que el WhastApp puede crear conflictos en las relaciones entre amigos o pareja. La tardanza en la respuesta de un mensaje, que antes se intuía que se había leído pero que ahora lo sabemos de verdad, puede causar recelos (“Me está ignorando”), ataques (“Responde cuando quieras, ¿eh?”), inseguridades (“¿estará enfadadx conmigo y por eso no me responde?” “¿qué hice mal?”.) o inatenciones (“estamos tomándonos un café, deja el móvil y habla conmigo que estoy aquí en frente”) etc.

Y no solo eso, dentro de esta inmediatez el whatsapp nos acostumbra a responder rápidamente (no iba a ser menos) casi sin pensar, sin razonar, sin articular un pensamiento, lo que lleva a confusiones, malentendidos y en definitiva, conflictos.

En las relaciones de pareja puede favorecer incluso funcionamientos dependientes donde por estar en permanente contacto con la pareja o en controlar cuándo se conecta o desconecta, si está hablando con X persona porque está en línea, o si se conecta por la noche porque me está engañando. La imaginación y las suposiciones se disparan al momento con esta información, lo que nos hace querer saber más, controlar más, desconfiar y poco a poco así, destruir toda base de la relación.

¿Y qué se puede hacer ante esta alarma?

Lo primero de todo, mantener la calma, pasará lo que nosotros dejemos o permitamos que pase.
Actualmente Whatsapp permite bloquear la información de la última vez que uno ha estado “en línea”, desapareciendo así también esta información de los contactos existentes. Para quien quiera esta opción “anti acoso” se supondrá que existirá esta opción en un futuro para esta nueva actualización.

Pero esto va más allá de ocultar información, ya que el rasgo dependiente, ansioso, controlador, obsesivo sigue estando vigente, ¿Qué se puede hacer entonces?

  • Lo primero, no estar tan pendiente del móvil, ¿cómo dejar que una máquina “nos controle”?. Tenemos que recordarnos a aprender a vivir el momento presente y disfrutar de lo que se está haciendo y de la compañía con la que estamos, el móvil es solo una herramienta más de contacto, pero no la única.
  • Marcar límites asertivamente. Si alguien te exige una respuesta porque ha visto que el doble check se ha puesto en azul, basta que decir “ya te responderé cuando tenga tiempo” o si es tan importante, realizar una llamada de teléfono donde poder incluir otro tipo de información, como puede ser el tono de voz, que facilite la comunicación.
  • Acostumbrarnos a no exigir y sobre todo a la no inmediatez. Esto tiene que ver con procesos internos individuales de cada persona y de su tolerancia a la frustración o gestión de la ansiedad, conoce tus propios límites y razona acerca de la situación. A veces es fácil dejarse llevar por lo emocional, y si son respuestas negativas eso solo dispara mensajes tóxicos causados por la inmediatez.
  • Aceptar el derecho de no responder. Quizás una no respuesta también es un mensaje claro, si hay problemas relacionales, el cara a cara es siempre la mejor opción, no dejes que una persona intuya cuál está siendo tu tono de voz mientras escribes unas líneas…
  • En definitiva, hay que crear relaciones sanas, tolerantes, coherentes, estables. Whatsapp puede ser una aplicación para aumentar y favorecer el contacto, no una herramienta de control, de obsesión con saber qué hace en cada momento cada persona.

La ansiedad, inestabilidad emocional, inseguridad en uno mismo, desconfianza, incapacidad de comunicar asertivamente, la dependencia emocional de un contacto inmediato… y muchísimos más factores propios de cada persona pueden disparar los malos usos, o las consecuencias negativas del uso de este tipo de sistemas.

La pregunta es, ¿En qué proceso estamos actualmente que nos hace comportarnos de esta forma? ¿Qué nos ocurre?

¿Hacemos algo?

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