Pastillas para el dolor de vida

El uso de antidepresivos y ansiolíticos cronificados no lleva a una solución de vida.

En los últimos años varias investigaciones han analizado la efectividad o el beneficio de los antidepresivos para combatir los síntomas leves o moderados de la depresión. Las conclusiones han sido similares en todos ellos: por sí solos su eficacia es muy limitada.

¿Qué ocurre cuando se toman pastillas para el dolor de vida? Y no como remedio puntual (que suele venirnos perfectamente) sino como algo continuado, crónico, siendo adormecedor de esos síntomas no físicos que generan un problema latente, que no se va con pastillas… Pastillas para el dolor de vida, que causan somnolencia de ésta!

En los años noventa la industria farmacéutica y algunas sociedades médicas hicieron programas específicos y campañas de difusión para ayudar a detectar la depresión. “Desde entonces ha sido un no parar, porque se han ampliado los límites de lo que se considera una depresión. Ahora se mete cualquier sintomatología de tristeza o desánimo que se pueda tener, aunque sea sana, legítima y proporcionada”, comenta el psiquiatra Alberto Ortiz Lobo que cree que bajo la etiqueta de ‘depresión’ se están patologizando emociones normales.

“Se suelen prescribir estos fármacos con mucha facilidad. Y muchas veces los pacientes piensan que si están medicándose y no les funciona es porque necesitan algo más fuerte, no porque quizá no estén deprimidos”, remarca Alain vallée, donde también comenta que en gran parte de Europa hay una amplia cultura de la prescripción.

Los antidepresivos son un buen recurso, y necesario, para tratar la depresión severa pero también generan frustración para abordar los casos leves o moderados debido a los escasos recursos, tanto de tiempo como de disponibilidad de otras terapias. La gente se toma una pastilla y ya, no abordan en qué fue lo que les llevó a tomar ESA pastilla.

Aunque en algunos casos pueden ayudar a superar una situación puntual, los fármacos no van a dar solución a las depresiones o problemas cuyo origen es social o psicológico. Cuando el tratamiento acaba el problema sigue ahí, si el paciente aprende a llevar bien el problema obtiene el doble de beneficio: lo supera pero además aprende. Sin embargo, hay personas que prefieren tomar medicación. “Hemos creado un modelo social en el que no estamos acostumbrados al esfuerzo y a las dificultades, por eso recurrimos a la farmacología”, comenta el psicólogo Antoni Bolinches.

Por tanto, con este artículo les llevo a la reflexión, el uso de ansiolíticos y antidepresivos es útil, no cabe duda de esto pero, ¿por qué dejar que nos adormezcan la vida?

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