Propósitos de año nuevo

Mejor un objetivo realista que diez buenos propósitos para el Año Nuevo

El 31 de Diciembre es día de preparativos, de arreglarse, de cenas, de encontrarse y re-encontrarse y celebrar el final de este año que pasa. Pero también es día de recapacitar sobre uno mismo, qué queremos hacer, qué nos gustaría ser, cómo podemos lograr una mejoría con respecto a este año que se ha ido, crecer, mejorar, sentirnos mejor con nosotros mismos… y así, con todas estas cuestiones, surgen los propósitos de año nuevo.

En momentos de cambio nos planteamos nuevos cambios, así, podría decirse que el cambio lleva al cambio. Por tanto fechas como fin de año, un cumpleaños, aniversarios, la vuelta de las vacaciones de verano… son momentos idóneos en donde nos paramos a pensar qué queremos cambiar de nuestra rutina que nos haga sentirnos mejor con nosotros mismos. Esta vuelta a la rutina después de la fecha significativa, es un movimiento hacia una nueva “estabilidad” que anticipamos será diferente a la que teníamos.

Por tanto, estos propósitos tienen que ver con una especie de ideal del “yo” y muchas veces, cegados por esta imagen idílica de cómo queremos ser a partir de la fecha que nos hace cambiar no tenemos en cuenta lo que somos, nuestro entorno o nuestras posibilidades, como fortalezas o debilidades para lograr estas metas que nos imponemos para cambiar.

Según un estudio realizado por el psicólogo Richard Wiseman, solo el 12% de las personas consigue lo que se propone cada vez que el calendario señala el inicio de un nuevo año.

Muchos de estos propósitos se repiten año tras año, convirtiéndose así los del año pasado en los del año nuevo y vuelta a empezar, y al final nos achacamos este fracaso a nuestra acción o valía para cumplirlos, enviándonos negativos minando así nuestra autoestima…“si es que no tengo fuerza de voluntad”, “soy un desastre”, “soy un inútil”, “nunca acabo lo que empiezo”

Estos propósitos que se repiten son importantes para nuestra autoestima o bienestar personal, pero pueden ser unas exigencias demasiado elevadas para el momento en el que estamos y se terminan convirtiendo en un arma de doble filo que en lugar de hacernos sentir mejor, nos hace sentir peor.

Los buenos propósitos tienen así un lado amargo que se revela a lo largo del año, según vamos comprobando que no los hemos podido (o querido) cumplir. “No haber conseguido lo que uno se ha propuesto es frustrante, pero en lugar de sentirnos incapaces, lo que hay que hacer es analizar dónde estuvo el error”, aconseja el psicólogo Pedro Rodríguez en su entrevista en el confidencial.com

Por esto, propongo unos cuantos puntos a tener presente a la hora de plantearnos los nuevos propósitos para este 2015 que llega.

  • Fíjate en lo q te propusiste el año pasado, si se repite puede ser que tenga prioridad para sentirte bien, evalúa que fue lo que nos llevó a no cumplirlo y acata un plan alternativo de acción para el 2015.
  • Plantearse y reflexionar qué queremos conseguir con nuestro propósito ¿Cuál es realmente nuestro objetivo? ¿Y cuáles nuestras posibilidades de alcanzarlo?. Sería recomendable darnos un tiempo para reflexionar sobre el ideal de persona que cada uno tiene en mente y lo que verdaderamente nos proponemos alcanzar y cómo. Por ejemplo, plantearse “estar más sano” no se trata de algo concreto, sino de un propósito ambiguo que nos puede llevar a frustrarnos si no ideamos un “plan de acción”
  • Modifica los hábitos. Hacer siempre lo mismo no te ayudará a cumplir tus nuevos propósitos. Si tienes como objetivo perder peso, ¿por qué no identificar los hábitos que te están perjudicando? Si ya practicas una actividad física, quizá percibas que los obstáculos para adelgazar residen en la dieta, por ejemplo.
  • Planifícate, no te satures a metas y objetivos porque si no será más difícil centrarte en ninguno. No podemos poner en marcha todos los cambios a la vez así que será recomendable para evitarnos estrés o malestar elegir uno o dos propósitos con el objetivo de que sea más fácil desarrollarlos. Centrarse en pocas cosas siempre es más efectivo que intentar hacer muchas. La idea es mantenernos cumpliendo los propósitos durante todo el año, no sólo los primeros dos meses del 2015. Por ello podemos optar por varias estrategias, en función de la cantidad o variedad de objetivos que nos hayamos propuesto.
  • El objetivo final del propósito debe depender de nosotros mismos (o al menos en gran parte). Por ejemplo “encontrar trabajo” depende una gran parte de nuestro esfuerzo y por otra de las oportunidades que se presenten, por lo que habría que redefinir el objetivo destacando nuestro papel en su consecución “Movilizarme y hacer todo lo posible por encontrar trabajo en tal sector y en tal ciudad “hacer lo posible por mejorar la comunicación con mi Padre” No son buenos objetivos los que dependan del completamente del azar o de otras personas “ganar un sorteo”, “que mengano me pida perdón”, “conocer al hombre de mi vida”… podemos hacer cosas para propiciar éstas situaciones, pero no dependen de nosotros, así que como objetivo básico no valdrían, sería conveniente redefinir qué es lo mejor que podemos conseguir de estos propósitos que esté de nuestra mano “enfadarme menos con mi padre” por ejemplo.
  • Cuidado con la inmediatez. Si queremos ponernos en forma, no podemos pretender haber conseguido muscularnos a finales de enero. Los resultados no son inmediatos, y siempre podemos dar un paso atrás. Si la expectativa que se tiene es de inmediatez, eso provocará que abandonemos si no vemos los efectos rápidamente.
  • Calibra expectativas con realidad, si nunca he ido al gimnasio, no es muy razonable plantearse que voy a ir todo el año 5 veces a la semana. Quizá puedo empezar por ir un par de veces a la semana y si me gusta, decidir más tarde ampliar el horario.
  • Cuidado con hacer propósitos inalcanzables, agotadores, nada satisfactorios, que no tienen demasiadas probabilidades de llevarse a cabo de una forma drástica como por ejemplo “dejar de fumar el día 1 ni un solo cigarro”. En lugar de esto, irse planteando pequeños objetivos para conseguir el propósito de base nos causaría menos frustración e ir llegando poco a poco y con buen pie a lo que nos proponemos, como por ejemplo “ir reduciendo cada semana la cantidad de cigarros que consumo”
  • Buscar / encontrar motivaciones en la propia actividad que voy a emprender Si la actividad que me propongo emprender, no tiene ninguna motivación en sí misma, para mí es más fácil de abandonarla. Por ejemplo es muy común apuntarse al gimnasio con la idea de estar más sano y atractivo/a, pero esto también se puede conseguir practicando un deporte, haciendo bailes de salón, aeróbic, etc. y es posible que alguna de estas cosas me resulte más placentera en sí misma que apuntarse al gimnasio.
  • El abandono de un “propósito” no tiene por qué significar el abandono del objetivo que llevó a programar esa actividad, además, en alguna medida, el objetivo está satisfecho y en ese sentido, no tiene por qué ser un “fracaso”.

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En definitiva, a la hora de proponernos cosas que queremos hacer para mejorar este año que viene, hay que tener presente la calidad de estos propósitos, qué está de nuestra mano y cómo podemos hacer para que no se nos haga una montaña inalcanzable, mejor es ir buscando un sendero que nos permita llegar a la cima sin caernos por el precipicio. Sobretodo tener presente que por muchos propósitos que nos hagamos, es muy posible que no lleguemos a ese “ideal” que podemos colocar en un lugar inalcanzable y que es preferible ir mejorando poco a poco algunos aspectos de nuestras vidas, que proponernos un cambio radical que puede ser no realista.

Muchas veces estos propósitos se quedan tan solo en buenas intenciones si los hacemos de una forma poco reflexiva y sin pensar demasiado si estos cambios se ajustan a nuestras posibilidades reales a día de hoy. De modo que siendo muy positivo plantearse objetivos e intentar crecer como personas, esto se puede volver en contra cuando nos proponemos cambios inalcanzables o difíciles de mantener en el tiempo dadas nuestras circunstancias. Un propósito de año nuevo, aunque formulado con todas las buenas intenciones posibles, puede convertirse en una gran fuente de malestar interior y baja autoestima si no se formula correctamente.

Un propósito de Año Nuevo es un maratón, no un sprint.

Los cambios vienen de poco en poco, no de la noche a la mañana.

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